—¿Hay algo de lo que no me has hablado? —su voz era baja y tranquila.
Gabriela se sobresaltó.
El sueño se desvaneció.
Ella lo miraba con los ojos abiertos.
Pero la habitación estaba demasiado oscura.
No podía ver su expresión.
Solo podía sentir que él la miraba.
Movió los labios, sintiendo su garganta seca.
—¿Acaso no lo sabes todo sobre mí? —dijo Gabriela.
La mano de Rodrigo en su cintura la apretó, su cuerpo delicado se presionó firmemente contra él.
Su respiración se detuvo por un momento.
Lo