Felipe continuó con su tono despreocupado: —Esta sangre de pollo, toda fresca, la conseguí con dificultad. ¿No viste cómo los policías se asombraron al verte? Pensaron que no sobrevivirías.
—El que no sobrevivirá eres tú. Si hubiera sabido que, al regresar, tendría que hacer este trabajo duro, ¡no habría vuelto! —Joan fue al baño a ducharse.
Había una ducha en la habitación del hospital.
No podía soportar el olor de su propio cuerpo.
Felipe esbozó una sonrisa.
Y salió de la habitación.
Pero regr