Lo tomó esperando que fuera Rodrigo.
Su energía regresó al instante.
—¿Hola?
Sin embargo, la voz que se escuchó al otro lado era la de Yolanda.
—Gabriela, ¿saliste en la noche? —preguntó Yolanda.
Gabriela asintió suavemente, intentando ocultar su desánimo.
—¿Qué te pasó para que tuvieras que salir? ¿Acaso no te das cuenta de cómo estás ahora mismo? —Yolanda la reprendió.
Intentando apaciguar la situación, Gabriela sonrió y respondió: —Lo sé, no volverá a pasar.
—Siempre dices eso, pero nunca veo