Gabriela estaba preocupada.
Fue ella misma quien cuidó de Gemio, sin aflojar en absoluto.
Ni siquiera te atrevía a cerrar los ojos a descansar.
Los demáa la veían estar casada, pero no podían hacer mucho para ayudarla.
Sólo pudieron intentar cuidar de Gemio para que tenga menos preocupaciones.
Ya muy tarde por la noche, Gabriela se sentó en el borde de la cama, somnolienta, bostezó, "Mamá, hazme un café."
Tenía sueño.
Yolanda le preocupó mucho a ella.
Pero no se pudo hacer mucho para ayudar.
Con