Después del beso con Ezra, Cataleya sintió una mezcla de emociones que la abrumaban. Se dirigió al baño, al cerrar la puerta detrás de ella, se apoyó en el lavabo, mirando su reflejo en el espejo.
—¿En qué demonio estás pensando, Cataleya? —se dijo a sí misma en voz baja, su voz llena de frustración—. ¿Eres tonta o qué?
Se pasó una mano por el cabello, tratando de ordenar sus pensamientos. El beso había despertado sensaciones que creía dormidas en su corazón. Sentía cómo una oleada de calidez y