Cuándo la espalda de Raguel chocó con la curvatura superior de mi hoz la energía explosiva de las armas formó una onda que lanzó a varios de los combatientes por los aires a varios metros. Nuestros ojos nunca perdieron el contacto mientras mis músculos gritaban en la fuerza para sostener su agarre, Nunca había visto tanto odio y rencor en los ojos de un celestial, aquello debió haberme inquietado y de cierta forma lo hizo, ya que llamó mi atención, pero en aquel minuto no estaba preparada para