Karina, ignorando esa conversación o tratando de hacerlo, se levanta y va a la cocina en busca de café.
-¿Las cucharitas están?
Preguntó en voz alta desde el umbral de la cocina
-En el primer cajón de la izquierda.
Le contesta Silvina.
-Te ayudo.
Dice Mateo siguiéndola hacia la cocina.
-Perdón, no sabía que iba a venir, cada día es más insoportable.
Le dijo mientras entraba detrás de ella.
-No te preocupes.
-No me gusta que nadie te maltrate.
-No me importa lo que dice.
Mateo sabía que eso era