Mateo pensaba que lo que sentía por Karina se estaba volviendo una adicción profunda y que el único tratamiento posible era poseerla, una, dos veces y con eso se le tendría que pasar lo que ella le hacía sentir.
No podía ofrecerle otra cosa, eso lo tenía claro.
-¿Subimos a mi habitación?
Ella dudó, no sabía qué hacer, no le faltaban ganas, cuando le estaba por decir que sí, a él le sonó el teléfono.
-Hola Josefina ¿Cómo te va?
-.....
-Hoy no puedo, estoy en tigre, mi hermano hizo una fiesta y y