Todos escondemos algo.
Esos oscuros recovecos de nuestra vida que preferimos mantener ocultos, temiendo que si llegaran a la luz, arruinarían la imagen que con tanto esfuerzo hemos construido.
Nuestras reputaciones se sustentan en cimientos frágiles, y basta con un vistazo tras la cortina para descubrir la verdad que hemos estado guardando.
Esta vez, me tocó a mí lidiar con la necesidad de esconder lo que tanto había trabajado para lograr: una casa propia, un trabajo decente y quizás un puñado