Leonela había terminado con su enamorado, el chico tímido que no se atrevía a declarársele y que le rehuía acariciarla y besarla, tanto que finalmente ella decidió no seguir con la relación. No le afectó mucho, tampoco. Le gustaba mucho él pero el carácter tan reservado del chico, la desanimaba. Esa noche durmió en mi cuarto. Llegó de mañana a la ciudad cargada de sus peluches.
-Necesito una amiga en estos momentos de aflicción-, me dijo divertida.
-A mí no me parece que estás afligida-,