Rosmery se había recuperado. Superó el horrible trauma que le tocó vivir cuando un puma atacó y mató a su esposo en las montañas, mientras pasaban una segunda luna de miel, disfrutando de las maravillas de la naturaleza. Ella quedó paralizada, estupefacta y perdió el habla, se metió en un frasco y virtualmente se enterró en vida. Lo único que hacía era contemplar el cielo, dolida y lastimada, extrañando a gritos a su amado, estupefacta por completo, sumergida en un abismo, cayendo sin remedio,