-No me habías dicho que tu esposa era psiquiatra-, le dije a Marcus. Él estaba tocando piano. Esa faceta tampoco la conocía. Lo hacía súper bien, con mucha cadencia y elegancia. Disfrutaba de la música, cerraba los ojos, movía la cabeza, se dejaba envolver por su armonía igual estuviera flotando en una nube. Era una tonada del siglo XVIII. Yo la había escuchado antes en conciertos de la filarmónica.
-Ella estudiaba la mente humana, no era psiquiatra-, me dijo sin mirarme, disfrutando ensim