Y fue que Davids, efectivamente, me atacó en busca de vengar la afrenta de haber sido mejor que él y cobrarme de que lo echaran de la clínica, bastante tiempo después de aquel incidente. Yo no lo esperaba e incluso había bajado la guardia. Ya me había olvidado por completo de sus amenazas y estaba abocada a la atención de mis pacientes.
Ese jueves, como todas las tardes, habíamos sacado a los pacientes de sus habitaciones para que caminen un poco por los jardines, se distraigan, conv