Cuando llegué a la casa, encontré a mi padre abriendo su puesto de periódicos. Él me vio llegar asustada y empalidecida. -¿Qué pasa hija?, se extrañó con mi semblante, ¿tuviste problemas en la clínica?-
-No, nada, papá, todo bien-, le dije y entré de prisa a la casa. Quería olvidar todo, la balacera, los intentos de Karlson de matarme y ahora la aparición intempestiva de Ferdinand. Era como si me hubiera atrapado un remolino donde no podía escapar ni salir a flote.
Ferdinand llegó una h