Dan sudaba copiosamente frente a la furiosa Miranda, no dejaba de maldecir su suerte internamente, Marcus le iba a deber una muy grande, mínimo le tendría que pagar unas buenas vacaciones por soportar aquello.
Retrocedió otro paso, alzando las manos en señal conciliadora mientras negaba frenéticamente con la cabeza. La situación se tornaba más tensa con cada segundo que transcurría.
—¡Le juro que no es así, signora! ¡Marcus está en Palermo atendiendo una situación de emergencia con el corporati