Maya sentía el corazón latiendo desbocado mientras observaba a los hombres de aspecto amenazante que se reunían alrededor de la mesa.
El humo de los habanos se mezclaba con el olor a alcohol y perfume barato, creando una atmósfera que le parecía repulsiva, y que la hacía querer salir corriendo.
Pero cuando intentó levantarse disimuladamente, Marcus la agarró por la cintura y la sentó en su regazo con un movimiento brusco. Maya se quedó rígida, temblando ligeramente mientras sentía la mano de M