Sasha abrió los ojos, viendo un techo muy poco familiar.
¿Dónde estoy?
Giró la cabeza, sintiendo un poco de calor. Tate se enroscaba a su alrededor como una hiedra, con la cabeza sobre su pecho y la pierna sobre la suya. Lo miró, admirando su piel perfecta y su aspecto juvenil.
La luz entraba por las ventanas porque Tate no había cerrado la cortina anoche. Sasha suspiró, sintiendo ganas de orinar.
Tate se movió, parpadeó un par de veces y miró a Sasha. Sonrió débilmente, sus ojos plateados eran