—Él va a... yo voy a... él va a... ¡vamos a morir!
Grace observó con curiosidad a Sasha, que se paseaba por la habitación, con el cálido sol de la mañana brillando sobre su piel bronceada. Sasha parecía estar a punto de arrancarse el pelo rubio.
—Quiero decir que puedes olerlo, ¿verdad? — preguntó Sasha. Ya sabía la respuesta, pero llevaba más de diez minutos balbuceando y nadie la detendría ahora.
—Hueles a faisán, si el olor de Parker fuera un perfume—, reflexionó Grace, con una leve sonrisa