131. Un recuerdo para toda la vida.
La tarde se convirtió en noche, y pasamos todo aquel largo momento encerrados en el enorme salón ayudando. Me sentía terriblemente agotada, pero al menos, poco a poco, habíamos logrado reunir a todos los muertos en una enorme mesa en el centro. Quería ver a mi hijo, pero debía ayudar primero. Sus familiares los lloraban; otros simplemente observaban desde la distancia el enorme caos que había causado aquella criatura que había entrado a su montaña y los había amenazado.
Francisco había recupera