Eliam sonrió levemente y dijo: “Tu padre era como un hermano para mí, así que no debes ser tan cortés conmigo. No dudes en contactarme si necesitas mi ayuda con algo en el futuro”.
Dicho eso, sacó una tarjeta de presentación y se la entregó a Charlie.
Charlie la guardó con ambas manos y dijo: “¡Gracias, Tío Eliam!”.
Eliam sonrió e hizo un gesto con la mano, luego miró la hora y dijo: “Charlie, se está haciendo tarde y tengo que apresurarme a regresar a Punta Este. Terminaremos esta conversaci