"Eso es...". Spencer se quedó sin palabras.
Si la gente le preguntaba, podía responder con seguridad cómo se había ganado su puesto. Podía decir con orgullo que se lo había ganado por medios legales, y que había una razón legítima para sus acciones.
Lo mismo era en la antigüedad. Todos los acontecimientos importantes ocurrían por una razón legítima. Incluso un agresor atroz fabricaría una serie de mentiras altisonantes para validar sus acciones. Por supuesto, Spencer haría precisamente eso.