Los gritos de los Rebeldes Azules eran tan estridentes que retumbaron por la radio portátil de su líder, quien se estremeció y la apagó rápidamente.
Sin embargo, el ruido aun llamó la atención de los miembros Inagawa-kai y uno de ellos gritó: “¡¿Quién demonios sigue hablando por teléfono?!”.
El líder guardó silencio por miedo.
Aun así, estaba oscuro a su alrededor, así que no importaba si alguien oía el alboroto, siempre que se cortara a tiempo para evitar que pudieran localizarlo.
De hecho,