Cuando Beverly llega a Marsella la atacan un poco los síntomas del embarazo, pero se aguanta porque la emoción de ver a su hombre al fin es más grande.
—Vamos a ver a tu padre, pequeñín —dice mientras con sus manos acaricia su vientre.
Un auto la está esperando y el hombre que la recibe le dice que Jack lo ha enviado, además de contarle que tiene una reservación en uno de los hoteles más lujosos de la ciudad y que está a su disposición para llevarla a donde sea.
En el trayecto siente nervios de