Luna trata de salir de su asombro, especialmente porque si nunca creyó que un hombre tan imponente como Jack llegaría a su vida, mucho menos que estaría en medio de dos dioses del Olimpo y en la misma casa que ella.
—¿Ah sí? —pregunta ella casi sin aire.
—Sí, le estaba explicando a mi amigo del alma que necesito que me aloje aquí unos días, mi departamento se convirtió en una piscina de un momento a otro. El plomero llegó para hacer la reparación, pero me dijo que se tardará porque se rompió