Diana bajó del coche y, a través de la puerta, le agradeció muy amablemente a Valentín:
—Gracias.
—¿Me agradeces porque mi suegra me trajo comida?
—No es por eso, es por lo del edificio de oficinas.
Valentín frunció ligeramente el ceño.
—Me voy.
Diana se despidió con la cabeza hacia el interior del coche a modo de despedida y se dio la vuelta para entrar al conjunto habitacional.
Valentín se recostó algo intranquilo en el respaldo de su asiento, reflexionando seriamente.
—¿Lo del edificio de ofi