Cuando cayó la noche, las calles de Ciudad de México se llenaron poco a poco de luces de neón.
Diana salió bastante furiosa del conjunto residencial y caminó sin rumbo fijo durante quién sabe cuánto tiempo. Finalmente, agotada, se detuvo al borde de la acera. Al recordar cómo la familia Palacios la había ridiculizado esa tarde, y que su madre, sin vergüenza alguna, había ido a buscar a Valentín, su enojo aumentó aún más. Ambas situaciones se mezclaban en su mente, haciéndola sentir cada vez más