Paola, a pesar de ser tan materialista y amante del dinero, con el vicio del juego, había criado a sus dos hijos de manera ejemplar. Especialmente a Enrique, un hombre de una integridad intachable, tanto que incluso Paola le tenía un poco de miedo.
Diana sabía muy bien que, si le contaba a Enrique que Valentín seguía molestándola, a pesar de estar a punto de casarse, él no actuaría como su madre, quien tal vez se sentiría halagada por la atención. No importaba que Valentín fuera el presidente de