Mientras el fuego se extendía salvajemente por Balar, destrozando las edificaciones y amenazando a todos los habitantes, los equipos seguridad hacía su máximo esfuerzo por extinguirlo. En el castillo la energía falló y tenues luces de emergencia era lo único que le permitía ver a los ocupantes. Desde lejos se escuchaban disparos provenientes de diferentes zonas, pero era complicado saber exactamente donde sin las cámaras de vigilancia, sólo percibían el eco que viajaba por el castillo.
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