En la torre sur Annabeth sostenía su arma en alto y lista para apretar el gatillo ante el mínimo movimiento. Podrían ser los nervios ante la posibilidad de encontrarse con alguno de sus padres. Para ella ya no tenían autoridad alguna, eran dos criminales que debían ser detenidos a toda costa, sin embargo, aún estaban presentes las marcas de tantos golpes, insultos y maltratos. Ellos eran sus padres, se supone que deberían amarla y protegerla, no despreciar su existencia y tratarla cómo si fuese