Clarisse no sentía que el mundo se desmoronaba, que toda esperanza de un final feliz de una familia con aquel hombre tan intenso, arrogante, dominante y cariñoso, nunca sería posible. Se abrazó a sí misma, su vientre se sintió vacío porque sus hijos no se movían en su interior y se acercó con pasos temblorosos. Extendió la mano, aunque fue incapaz de tocarlo, no sentía que era lo correcto y es que el verlo ahí tendido la deshacía dolorosamente y con cada paso que daba el aliento se le escapaba.