Brion cerró los ojos por un segundo, su respiración se mantuvo controlada, pero la tensión en su mandíbula lo delataba. Clarisse se quedó mirándolo, furiosa, con los ojos llenos de preguntas que no tenían lugar en ese caos. Sabía que estaba poniendo en peligro más de lo que podía comprender, pero su necesidad de respuestas era más fuerte que el miedo.
―No me voy a ir hasta que me digas qué está pasando ―insistió Clarisse, esta vez sin alzar la voz, pero con una firmeza que Brion reconocía bien.