Liza, que había estado intentando mantenerse al margen, dio un paso hacia la cama, dejando la bandeja con la comida más cerca de Clarisse.
―Es importante que comas, querida ―dijo, su tono más suave ahora que la tensión había disminuido―. Esto no sólo es por ti, sino también por el bebé.
Clarisse miró la bandeja, reconociendo en el gesto de Liza una preocupación genuina. Sabía que no podía seguir negándose a comer, no si quería tener la fuerza para enfrentar lo que venía.
―Está bien ―dijo al fin