―¿Brion? ―llamó Ottis al entrar en la oficina de este―. Debemos retirarnos. Hemos estado fuera por mucho tiempo, los niños necesitan de nuestra tención.
―Por supuesto, lo entiendo. El vehículo los esperará donde siempre ―ni siquiera le regresó la mirada.
Ottis se percató de que el príncipe heredero estaba distraído entre sus cavilaciones, tal vez aún meditando en la decisión que seguía sin tomar. Y podía imaginarse cómo se sentía, un día peleas por un país y al otro descubres que tu expareja es