―¡No es su decisión! ―irrumpió, abriendo las puertas de par en par, tomándolos por sorpresa a todos―. Es mi bebé de quién están hablando y ninguno de ustedes tiene derecho a elegir qué hacer con él y, en definitiva, tú menos. Me da muy igual el problema en el que están metidos o quienes sean, nadie va a arrebatarme a mi bebé.
―Cuida cómo nos habla, señorita ―le advirtió Macon.
―¡Cierra la boca Darren o cómo sea que te llames! ―rugió―. Si estás tan dispuesto a matarme, entonces te invito a que lo