La princesa Carmina gritó furiosa y estrelló la copa contra una pared con el deseo de descargar su enojo y frustración. El vino terminó manchando la alfombra cómo si fuese sangre.
―Su alteza, debe permanecer quieta para poder curar sus heridas ―le comentó el enfermero. Acomodó sus gafas con nerviosismo, no quería hacer enfurecer a su jefa.
Carmina tenía una pequeña quemadura en un costado y algunos cortes en un brazo. La explosión la había alcanzando lo suficiente cómo para rosarla antes de que