―Gracias… ―dijo de repente la mujer de ojos azules―. Está delicioso lo que pediste.
Brion levantó la mirada de su plato y tomó eso cómo una señal para iniciar la conversación, pues desde que entraron al lugar ella no dijo nada.
Usó la servilleta para limpiarse y la colocó a un lado.
―No tienes nada que agradecer, Clarisse. Simplemente estoy siguiendo las indicaciones del médico.
―Estás haciendo más que eso ―murmuró, aunque él la escuchó.
―¿A qué te refieres con eso? ―quiso saber.
―Pudiste lleva