—¡Liza! ¡Peter! ¡Owen! —llamó Soren desde la sala de estar mientras revisaba el correo que estaba sobre la mesilla.
—Acá estamos, no grites —respondió la morena. Iba comiendo una paleta de helado mientras los otros dos hombres le siguieron de cerca.
—Bien, necesito que se ocupen de unas cosas. Owen, prepara el Audi negro cromado, Peter organiza un pequeño equipo de seguridad y Liza, una malteada de piña y mango, por favor.
—Me siento cómo de la servidumbre —e quejó la ama de llaves.
—Eres de la