—¡Llegamos, familia! —anunció Lorna.
Soren despegó los ojos de su laptop para mirar a los cuatro jóvenes que iban entrando.
—¡Papi! —Pat saludó desde el jardín trasero con Cisco a su lado.
Llevaba un rato jugando con el perro que cada vez se hacía más grande, ahora mismo era casi de la altura del niño, lo cual le facilitaba tumbarlo cuando jugueteaban al aire libre o en cualquier parte de la casa. Algo que a ninguno de los mayores les preocupaba, ya que Cisco se comportaba al momento de jugar,