La lluvia no había cesado en dos días. Caía sobre Moscú como un manto gris y pesado, empapando las calles y empañando los cristales de la residencia. El clima frío se colaba por las rendijas de las ventanas, y el sonido constante del agua golpeando los vidrios creaba una atmósfera opresiva que parecía presagiar algo malo.
Samantha había salido temprano para encontrarse con Kathya, acompañada por tres guardaespaldas que Dominik había insistido en asignarle. Aunque ella se había quejado, él no ha