El evento seguía su curso, envuelto en el brillo de las arañas de cristal y el murmullo constante de las conversaciones elegantes. Los invitados se movían entre las mesas de champán y los canapés exquisitos, intercambiando sonrisas diplomáticas y apretones de manos que ocultaban intenciones mucho menos cordiales.
Fue entonces cuando la entrada principal del palacio captó todas las miradas.
Un automóvil negro, elegante pero discreto, se detuvo frente a la escalinata. Los fotógrafos, siempre aler