El Palacio Adler se alzaba imponente bajo el cielo nocturno de Moscú, sus enormes ventanales iluminados proyectando destellos dorados sobre la nieve recién caída. La estructura centenaria, con sus torres y columnas de mármol blanco, parecía un castillo de cuento de hadas, pero quienes conocían la familia sabían que dentro no había magia, sino negocios, poder y secretos mejor guardados que cualquier tesoro.
La noche del aniversario de la empresa Adler era el evento social más esperado del año. N