Azael observó cómo la mujer se disponía a marcharse. Honestamente, podía haberla dejado ir sin más. Después de todo, apenas se conocían y aquella situación había sido completamente casual. Sin embargo, había algo en ella que le resultaba curiosamente difícil de ignorar. Quizás era la manera en que había golpeado al viejo sin pensarlo dos veces. O tal vez era la forma en que seguía caminando con la cabeza en alto después de una noche claramente horrible.
Metió las manos dentro de los bolsillos d