El cielo permanecía gris, pesado, cubriendo la ciudad con esa sensación fría y sofocante tan típica del invierno ruso. Desde los enormes ventanales de la mansión Adler apenas podía verse el movimiento de los autos atravesando la avenida principal entre nieve derretida y humo.
Y dentro del despacho de Arkady Adler, el ambiente era todavía más helado.
La pantalla de la computadora seguía reproduciendo el mismo video una y otra vez.
La imagen granulada de las cámaras de seguridad mostraba el pasi