La casa parecía salida de una revista de arquitectura de lujo.
Era enorme.
Moderna.
Elegante sin verse exagerada.
Grandes ventanales de cristal reflejaban el amanecer mientras la piscina infinita parecía mezclarse directamente con el océano a la distancia. Las paredes claras, la madera oscura y las terrazas abiertas hacían que todo el lugar tuviera ese aire exclusivo y absurdamente caro que parecía seguir a Dominik a todas partes.
—Dios mío… —murmuró Samantha sin apartar la vista.
Dominik la ob