La ciudad había quedado atrás hacía casi cuarenta minutos cuando el auto finalmente atravesó las enormes rejas negras del aeropuerto privado. Las luces de la pista iluminaban la noche oscura mientras varios empleados caminaban de un lado a otro alrededor de distintos jets privados estacionados sobre el asfalto húmedo.
Samantha frunció ligeramente el ceño apenas el vehículo se detuvo.
Por un momento pensó que quizás Dominik tenía algún viaje de negocios inesperado o alguna reunión importante fue