El restaurante estaba ubicado en una de las zonas más exclusivas de Moscú, lejos del bullicio del centro, escondido entre calles arboladas y fachadas de piedra que parecían sacadas de otra época. El interior era acogedor, con mesas de madera oscura, luces cálidas y un aroma a pan recién horneado que se mezclaba con el de café y especias. Era el tipo de lugar al que ibas cuando querías hablar tranquila, sin que nadie te escuchara ni te juzgara.
Samantha había llegado primero, como siempre. Kathy