Los largos pasillos permanecían silenciosos, las empleadas apenas comenzaban con sus tareas diarias y el sol entraba por los enormes ventanales iluminando lentamente los rincones de la mansión.
En una de las habitaciones del segundo piso, Samantha abrió los ojos poco a poco. Durante unos segundos permaneció inmóvil, todavía atrapada entre el sueño y la realidad, hasta que sintió el peso cálido de un brazo rodeando su cintura.
Giró ligeramente la cabeza.
Dominik seguía dormido.
La imagen le resu