Capítulo 32 —No voy a disculparme
Narrador:
El resto del trayecto fue un castigo en sí mismo. Cleo no volvió a hablar. Miraba por la ventana como si afuera hubiera respuestas, pero solo veía polvo, árboles borrosos y el reflejo de su propio rostro descompuesto. Las manos le temblaban sobre el bolso, y por dentro el cuerpo seguía ardiendo con una mezcla imposible de tragar: rabia, deseo, humillación. Él no volvió a decir una palabra. Manejaba con una sola mano en el volante, la mirada fija en la