La respiración de Josselyn aún no se había estabilizado por completo.
Su espalda seguía apoyada contra la fría pared de la sala de hierbas, mientras el calor que Yorick había dejado sobre su piel no terminaba de desvanecerse. Aquel contacto… aún permanecía. Demasiado real como para ignorarlo.
Josselyn cerró los ojos.
—Y solo yo sé cómo detenerlo.
Esa voz resonó con claridad. Y su mente se dirigió de inmediato hacia el libro. Aquel volumen de tapa rígida, con metal en cada esquina.
Aún recordaba