El aire volvió a entrar.
Pero se sentía como cuchillas.
Josselyn tosió con fuerza cuando la presión en su cuello finalmente se soltó. Su cuerpo perdió el equilibrio; sus rodillas casi cedieron antes de que lograra sostenerse apoyando una mano contra la pared.
Su respiración era entrecortada—breve, caótica, como si sus pulmones hubieran olvidado cómo funcionar correctamente.
Dolía.
No solo en la garganta, sino en el pecho. Y también en su cabeza, que le daba vueltas.
Frente a ella, Killian perma